La Casa Suspendida festeja cuatro años con un festival de música y teatro.

 La Casa Suspendida cumple cuatro años, un hecho que ameritó la organización de un festival de teatro independiente y música que tendrá un gran protagonista: el público. A partir de septiembre se pondrá en funcionamiento un programa de becas con la finalidad de consolidar los vínculos con el espectador.

Los festejos, a desarrollarse en septiembre, octubre y noviembre, son para La Casa Suspendida una oportunidad para afianzar los vínculos con grupos de otras latitudes y propuestas diferentes. Es por ello que invitó a grupos independientes dispuestos a este diálogo, que además han estado presentes en las distintas etapas del recinto.

Las agrupaciones invitadas son: Los desesperados, de Querétaro, con la obra Perdón para mi barrio; Luna Negra, de León, traerá Paso de dos y ¡Ay Carmela! y Fórum Centro de las Artes Escénicas, de Mazatlán, presentará Matar a la muerte.

“Traemos a grupos independientes, gente que está como nosotros. Y parte de este festival incluye nuestra salida, porque nos vamos a festivales con dos obras, La señora Klein y De insomnio y medianoche. Nos hemos estado relacionando, que también era parte de nuestro interés. Como independientes y gestores nos esforzáramos por estar en contacto con festivales de otros estados de la república”, dijo Sara Isabel Quintero, directora de La Casa Suspendida.

Como parte de este programa, se integran las obras Partida y Bembéricua, producidas por La Casa Suspendida. La primera ya inició la temporada y la segunda será dirigida por Sara Isabel Quintero para estrenarla el próximo noviembre.

Bembéricua es un cuento que tengo guardado desde hace mucho tiempo, es decir que tengo que traducirlo a escena. No es panfletaria pero tiene que ver con la población rural que se está yendo, que se van con su herencia prehispánica, en este caso purépecha, es una historia muy sencilla. Esto es un poco lo que quiero hacer en el futuro, acercarme más a la dirección y alejarme de la actuación”, comentó Quintero.

Asimismo, Gerardo Enciso y Ricardo Castillo tendrán funciones de Borrados y Es la calle, honda. También se realizará el Ciclo de música de cámara joven y habrá un taller de producción ejecutiva y puesta en escena impartido por Saúl Meléndez.

Cuatro años de “generosidad y terquedad”

Quintero hizo un repaso de los cuatro años de existencia, desde la apertura, momento en el que supo que no podría sola y por eso se alió con otras personas y grupos, como La Nada Teatro, para consolidar el foro que hoy es un referente indiscutible del teatro independiente en la ciudad.

“La Casa Suspendida se abrió como un espacio incluyente. Se van decantando las cosas, se van estableciendo las alianzas, hoy por hoy el funcionamiento es posible por las alianzas, como con La Nada Teatro, grupo del que yo era parte como actriz. Con su director Miguel Lugo, ha habido encuentros y desencuentros en el sentido del discurso estético, pero me siento cómoda trabajando con él y siempre hemos tenido amistad y confianza para dialogar”, mencionó.

En estos años se ha estado perfilando y definiendo la teatralidad del foro. Hoy por hoy La Casa Suspendida ofrece teatro contemporáneo, íntimo en donde predomina la actoralidad antes de los recursos visuales. Así lo demuestran las obras que han pasado por su escenario como Ofelia,CuicoLa señora Klein y De insomnio y medianoche.

“A cuatro años de abrir las puertas me atrevo a pensar que el espacio está más identificado en la ciudad. Ha sido un trabajo fuerte y nos damos cuenta que podemos albergar a compañeros que vienen de fuera, pero la mayoría de la cartelera está producida ahí en el mismo espacio. En La Casa Suspendida tres cuartas partes del la cartelera son procesos de trabajo que se iniciaron ahí y están pensadas para estar en ese espacio”, señaló Quintero.

“Esto era parte de la idea, un espacio en donde estuviéramos en contacto con los procesos de producción, desde la primera lectura hasta la última función. Esto nos llena de satisfacción, aunque sabemos lo caro que es porque seguimos siendo un espacio sin apoyos, hay quienes trabajan con becas, nosotros con beca o sin beca seguimos abriendo, seguimos produciendo. Hay mucha voluntad e ilusión por afianzar”.

La Casa Suspendida tuvo su primera etapa en la década de los 90 y cerró en el 2000. En el tiempo que permaneció cerrado continuó funcionando como espacio de elaboración, abierto a todos los grupos como espacio de ensayo y proceso de creación.

“En La Casa Suspendida ha habido gente que trabaja con mucha generosidad, terquedad, nosotros nos pagamos el gasto operativo. Hemos sacado las cuentas de lo que cuesta abrir las puertas en la casa y tenemos un estimado de cuánto nos cuesta presentar una función. Pero lo hacemos porque siempre corremos el riesgo de no subsistir porque no tenemos apoyos”.

Cercanía con el público

El personal se ha esforzado por mantener un contacto directo con el público a través del correo electrónico, del blog de La Nada Teatro, de videos y un programa especialmente diseñado para el espectador. Desde el año pasado se implementó el Día del Espectador, con descuentos especiales en los costos de los boletos.

“No tenemos un espacio masivo, sino íntimo, a lo más que podíamos aspirar es a 70 personas y nos dimos el lujo de extender el escenario un poco más y ahora estamos trabajando con aforo para 40 personas. Esto no es un negocio. Hemos estado dando una atención personalizada al público, que están sensibles a nuestras convocatorias.

“Al espectador hay que dejarlo de ver como un ente anónimo, tiene un nombre, tiene rostro y tiene siempre una pregunta y una respuesta que nos retroalimenta. Por eso buscamos el diálogo, la comunicación que compartan con nosotros cuál es su preferencia estética al presenciar el teatro porque es parte lo que pondera la brújula de hacia dónde vamos.

“No buscamos hacer un teatro complaciente, sino un ejercicio cotidiano, cómo es que se recibe el trabajo, cómo es que significa, hay muchas maneras de dejarnos el testimonio, en el blog, en el libro de la salida, en los correos. Nos gusta saber que el público son individuos que nos identifica a nosotros como espacio escénico. Parte de lo que nos falta hacer como creadores es la pertenencia de la teatralidad como manifestación social, que el conjunto de las personas se sientan parte de los procesos creativos”.

A partir de septiembre se pondrá en marcha el programa Becas de espectador orientado a motivar a las personas a hacer un ejercicio de reflexión sobre las obras de cartelera. Un jurado elegirá las mejores reflexiones para entregarles las becas, que representa un pasaporte gratis a las actividades del festival. También recibirán premios como cenas o cambios de look.

“Creemos que de esta forma el teatro deja de ser algo momentáneo, se vuelve próximo, se puede hablar, reflexionar, y no tiene que ser nada rebuscado. Buscamos la experiencia más honesta de las personas”.

Para consultar información sobre el programa del festival y las Becas del espectador se puede visitar la página de Internet http://www.lanadateatro.wordpress.com.

Fuente: La Jornada.

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